Encuentran nuevos vínculos entre la diabetes y el alzhéimer

Las conexiones neuronales se asemejan a cables de una red eléctrica por los que se transmitie la información del pensamiento y la memoria. Esos cables parten de unas neuronas y llegan hasta otras. Las neuronas son células que necesitan combustible para su funcionamiento, y el combustible esencial es la glucosa. En este contexto, la insulina actúa como un timbre en la puerta de las células.

 

Cuando ese timbre suena, la célula sabe que tiene que abrir la puerta para que entre la glucosa; mientras que sin ese timbre, aunque haya abundante glucosa en la sangre, la célula no se entera, no abre la puerta y no recibe el combustible.

Cuando la célula recibe más glucosa de la que necesita, acaba generando una resistencia a la insulina, por lo que se vuelve reticente a abrir esa puerta, motivo por el que la resistencia a la insulina, vinculada a una futura diabetes tipo 2, favorece la acumulación de azúcar en sangre y además propicia la formación de placas de beta-amiloide, que son características del alzhéimer.

En este sentido, algunos estudios con ratas han revelado que la administración de estreptozocina, un fármaco utilizado para inducir diabetes en modelos animales, genera tanto resistencia a la insulina como una neurodegeneración similar a la del alzhéimer. La relación también se ha observado en humanos, aunque no se ha podido vincular con una mayor acumulación de beta-amiloide o de ovillos tau en autopsias de cerebros.

Un estado crónico de inflamación de bajo grado generado por la resistencia a la insulina también vincularía ambas enfermedades. La inflamación es un proceso fundamental para combatir agresiones externas y reparar los daños causados, y cuando se cronifica, puede dar lugar a alteraciones que se asocian con enfermedades metabólicas como la obesidad, las enfermedades cardiovasculares, la diabetes y el alzhéimer.

En este escenario de resistencia a la insulina, estrés oxidativo e inflamación, las células entran en apoptosis, lo que viene a ser como una especie de muerte celular programada; y si eso ocurre y las células van muriendo, la red de cables se enmaraña y el cerebro no funciona adecuadamente. Entonces el enfermo empieza a olvidar y a deja de procesar la información apareciendo el temido alzhéimer.

Todo esto sugiere que los problemas metabólicos pueden ser la clave en ambas enfermedades, motivo por el que algunos investigadores han sugerido que el alzhéimer sea considerado como un nuevo tipo de diabetes, al que, en caso de confirmarse la teoríase denominaría «diabetes tipo 3», y se uniría a la tipo 1, con un origen más genético que ambiental; la tipo 2, de influencia más ambiental que genética; y la gestacional, que se da en algunas embarazadas.

El término emergió en 2005 en la Universidad de Rhode Island, cuyos investigadores proponían que el alzhéimer podría ser una forma de diabetes cerebral, caracterizada por resistencia a la insulina y disfunción metabólica. En cualquier caso, es importante señalar que este no es un término aceptado por toda la comunidad científica, sino que se trata de una hipótesis que podría ser útil para contribuir a una visión más completa de la enfermedad.

Los nexos entre ambas enfermedades cada vez son más sólidos, pero aún queda mucho por descubrir, en particular sobre cómo utilizar esa información para el beneficio de los pacientes, ya que dado que la resistencia a la insulina y la inflamación juegan roles centrales, podrían compartir estrategias terapéuticas. En ese sentido, el fomento de estilos de vida saludables, incluyendo la dieta, podrían tener un impacto positivo en la prevención y el tratamiento, tanto de la diabetes como del alzhéimer.

Así las cosas, la conexión entre alzhéimer y diabetes podría llegar a transformar nuestra comprensión de ambas enfermedades; y la idea de una diabetes tipo 3, aunque no tiene consenso científico, podría abrir nuevas puertas a investigaciones que vinculan las dos enfermedades, con la resistencia a la insulina y la inflamación en el centro del escenario, así como a tratamientos efectivos.

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