Un simple paseo puede ayudar a los diabéticos a controlar la glucosa

Un metaanálisis publicado en la revista Sports Medicine demuestra que una breve caminata ligera después de comer, podría ayudar a rebajar los picos de glucosa que se producen tras las comidas, ya que después de comer, los nutrientes, y entre ellos la glucosa, pasan al torrente sanguíneo desde el intestino y se elevan los niveles de azúcar en el organismo.

 

Según ha explicado al diario El País Carmen Sanz, profesora de biología celular en la Universidad Complutense de Madrid, al realizar ejercicio, en este caso pasear, el músculo en contracción consume este tipo de azúcar “para aportar energía a las células y disminuye la necesidad de insulina”.

En las personas con diabetes tipo 2, las células no responden bien a la insulina, que es la hormona que se encarga de regular los niveles glucémicos, motivo por el que según la doctora Sanz, “la actividad física es otro mecanismo que está haciendo puntualmente esa función en el músculo”. MÁS INFORMACIÓN:

En el estudio compararon los efectos de una caminata ligera tras la comida frente al impacto de permanecer de pie, una comparación en la que los autores vieron que, aunque la segunda opción podía mejorar los niveles de glucosa posprandial (tras la comida), la primera era más eficaz. Quedarse de pie provocaba una reducción de un 9,5 %; y caminar, de un 17 %, afirman en el trabajo publicado en Sports Medicine.

En este sentido, Valentín Fuster, director general del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC), ha señalado que los efectos son aún mejores si, además de pasear, se incorpora la práctica regular de deporte. Desde el CNIC han observado que las personas con resistencia a la insulina o con prediabetes tienen mayor riesgo de desarrollar enfermedades de las arterias, como la ateroesclerosis, que es una acumulación de grasas, colesterol y otras sustancias dentro de las arterias y en sus paredes.

Por su parte, Borja Ibáñez, director científico del centro, ha explicado que “trabajamos para conocer bien los mecanismos que hacen que los órganos se vuelvan resistentes a la insulina y cómo eso se asocia a esta dolencia”.

La diabetes tipo 2 tiene un alto componente hereditario, hasta un 50 %, y la actividad física puede reducir ese riesgo de padecerla. Esta patología también se asocia, en un elevado porcentaje, con la presencia de obesidad, expone Pedro José Pinés, miembro del Comité Gestor del Área de Diabetes de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN).

Así las cosas, caminar puede ser un ejemplo de actividad física asequible para comenzar a mejorar la condición física de los pacientes; y además de caminar, también es importante realizar ejercicio de resistencia, aconseja Pinés, quien ha añadido que ”la realización de dos a tres sesiones a la semana de ejercicios de resistencia puede ser una alternativa para las personas que no pueden caminar”.

Para aquellos que no pueden dedicar mucho tiempo al deporte, el especialista recomienda el entrenamiento de intervalos de alta intensidad, que dura entre 10 y 30 minutos; y en el caso de quienes ya hacen caminatas diarias, incorporar estas actividades puede aumentar sus beneficios.

En esta línea, Fuster, del CNIC, ha remarcado que la práctica de ejercicio no solo tiene repercusión en los niveles de azúcar y la diabetes, también en la salud cardiovascular. Por ejemplo, en la presión arterial y el colesterol. Sin embargo, los trabajos incluidos en el metaanálisis no mostraron resultados significativos sobre el efecto en la presión arterial de pasear tras las comidas.

De esta manera, los investigadores proponen la inclusión de descansos en el trabajo para hacer caminatas ligeras, algo que ven más viable que la práctica de actividad física de moderada a vigorosa en el entorno labora, por lo quey plantean esta práctica como alternativa a aquellas personas para las que está contraindicada.

Tanto Fuster como Viña están de acuerdo con esta sugerencia, al afirmar que “un ambiente de trabajo donde la gente pueda ir un rato a hacer ejercicio, ayuda mucho”, asevera el director del CNIC.

Los autores del metaanálisis observaron que un simple aumento de 30 minutos diarios de actividad física ligera, se asocia con una reducción del 17 % de la mortalidad. Además, en el trabajo se incluyeron estudios que proponían ráfagas de ejercicio de dos minutos cada 20 de sedentarismo y de cinco minutos cada media hora.

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