Un estudio establece las horas que es necesario dormir a partir de los 50 para mantener controlada la diabetes

A partir de los 50 años, mantener estables los niveles de glucosa en sangre se vuelve complicado, debido a que los cambios hormonales, el metabolismo más lento y una menor masa muscular aumentan el riesgo de desarrollar resistencia a la insulina y, con el tiempo, diabetes tipo 2.

 

Durante décadas, la prevención de la diabetes se ha centrado en una alimentación saludable, ejercicio y control del peso; sin embargo, la evidencia científica señala cada vez más un cuarto factor que suele pasarse por alto: el sueño.

Ahora, un reciente estudio publicado en la revista científica BMJ Open Diabetes Research & Care sugiere que dormir las horas adecuadas podría ser una herramienta clave para reducir el riesgo de desarrollar esta enfermedad metabólica.

En primer lugar controlar los hábitos del sueño, disminuye la sensibilidad a la insulina, la hormona que regula el azúcar en sangre; pero también permite perder masa muscular, lo cual reduce la capacidad del cuerpo para usar glucosa como energía. Además, aumenta la grasa abdominal, que está asociada a un mayor riesgo metabólico.

De esta manera, cuando este proceso se mantiene en el tiempo, puede aparecer prediabetes, que muchas veces pasa desapercibida durante años, o evolucionar hacia diabetes tipo 2, una enfermedad que aumenta el riesgo de problemas cardiovasculares, daño renal, neuropatías y hasta deterioro visual.

Diversos estudios habían observado que las personas con insomnio o sueño insuficiente presentan mayor riesgo de desarrollar diabetes tipo 2, e incluso en ensayos clínicos, donde se reduce artificialmente el tiempo de sueño, se habían detectado hiperglucemia e insulinorresistencia en pocos días.

El nuevo estudio analizó los hábitos de sueño de 23.000 adultos estadounidenses para evaluar su impacto en la salud metabólica; y los investigadores observaron una relación clara entre duración del sueño y riesgo de diabetes. El resultado principal fue que el punto óptimo de descanso se sitúa alrededor de siete horas por noche, concretamente, en torno a 7 horas y 20 minutos.

De hecho, las personas que duermen menos de 7 horas tienen mayor probabilidad de presentar signos tempranos de diabetes tipo 2, mientras que un descanso cercano a 7-8 horas diarias se relacionaba con mejores niveles de glucosa y mayor sensibilidad a la insulina.

Además, los investigadores observaron que "recuperar sueño" en exceso durante el fin de semana no siempre compensa el déficit acumulado, y puede incluso perjudicar el metabolismo si se duerme mucho más de lo habitual.

El sueño suele deteriorarse con la edad debido a cambios en el ritmo circadiano, una mayor prevalencia de insomnio o problemas como la apnea del sueño, algo que coincide con el momento de la vida en el que el riesgo de diabetes aumenta. Por este motivo, mejorar los hábitos de descanso puede convertirse en una estrategia preventiva sencilla pero poderosa, junto con otras recomendaciones clásicas como mantener un peso saludable, hacer ejercicio regular o controlar el consumo de azúcares y ultraprocesados.

En un contexto donde la diabetes sigue aumentando a nivel global, cuidar algo tan básico como la calidad del sueño puede convertirse en una herramienta preventiva tan importante como la alimentación o la actividad física.

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