Administrar insulina prandial antes de las comidas, contar hidratos de carbono y utilizar la relación insulina/hidratos esta asociado con un mejor control glucémico en personas con diabetes tratadas con múltiples dosis de insulina, según concluye un estudio realizado en España con la participación de 288 personas.
Este estudio publicado en la revista Diabetes Therapy pone de manifiesto que algunos hábitos cotidianos relacionados con la administración de insulina podrían marcar una diferencia importante en el control de la diabetes., y ha incluido a personas con diabetes tipo 1, diabetes tipo 2 y otros tipos de diabetes insulinizados, aunque casi tres de cada cuatro participantes tenían diabetes tipo 1. La edad media fue de 43,7 años y la duración media de la enfermedad rondaba los 18 años.
La investigación, realizada en condiciones de vida real en España, analizó las prácticas de inyección de insulina de un total de 288 personas con diabetes tratadas con múltiples dosis diarias y encontró que quienes administran la insulina prandial antes de las comidas obtienen mejores resultados glucémicos que quienes la inyectan durante o después de comer.
Los autores observaron que las personas que administraban la insulina antes de las comidas presentaban una mayor probabilidad de alcanzar una hemoglobina glucosilada (HbA1c) igual o inferior al 7,5 %, un mayor tiempo en rango (74,4 % frente al 66,3 %) y niveles medios de glucosa más bajos: 144 frente a 159 mg/dl. Además, dentro del grupo que se inyectaba antes de comer, los mejores resultados se observaron cuando la administración se realizaba al menos 15 minutos antes del inicio de la comida.
Con todo, aunque estos resultados muestran una asociación, el diseño transversal del estudio no permite establecer una relación de causa-efecto, ya que el estudio también refleja que todavía existen errores frecuentes en el tratamiento diario.
En este contexto, el 38,5 % de los participantes reconoció haber administrado dosis insuficientes de insulina más de cinco veces durante el último mes, mientras que el 26,7 % afirmó haber utilizado dosis excesivas con esa misma frecuencia. Asimismo, más de la mitad (55,1 %) manifestó haber olvidado alguna dosis de insulina rápida durante la semana previa a la encuesta.
Precisamente, quienes olvidaban alguna dosis de insulina prandial presentaban un menor tiempo en rango y cifras medias de glucosa superiores a las de quienes mantenían una mejor adherencia al tratamiento.
Por su parte, las personas que utilizaban el conteo de hidratos de carbono y calculaban la relación insulina/hidratos conseguían un mejor control metabólico que quienes no empleaban estas herramientas. Según los autores, se trata de comportamientos modificables mediante programas estructurados de educación terapéutica, sin necesidad de introducir cambios farmacológicos.
El estudio también analiza el uso de bolígrafos inteligentes de insulina, y ha observado que un 41,2 % de los participantes utilizaba este tipo de dispositivos, asociados en este trabajo a una menor frecuencia de hipoglucemias leves o moderadas, aunque no se observaron diferencias significativas en HbA1c o tiempo en rango respecto a quienes no los utilizaban.
Además, los autores consideran que los resultados reflejan cómo pequeños cambios en la forma de administrar la insulina podrían traducirse en una mejora del control glucémico de muchas personas con diabetes; aunque reconocen varias limitaciones, al tratarse de una encuesta observacional basada en información aportada por los propios participantes, motivo por el que los resultados deben interpretarse con prudencia y no permiten demostrar relaciones causales. Además, la mayoría de los participantes tenía diabetes tipo 1, por lo que los hallazgos no pueden extrapolarse automáticamente a toda la población con diabetes.
Con todo, este trabajo aporta una fotografía de los hábitos reales de administración de insulina en España y refuerza la importancia de la educación terapéutica como una de las herramientas más eficaces para mejorar el control glucémico.


