La diabetes constituye un importante factor de riesgo para el deterioro cognitivo y la demencia... y a la carga metabólica de la enfermedad, se suma el daño vascular acumulativo, que puede afectar tanto a la circulación cerebral como a otros territorios vasculares. En este contexto, el control de los factores de riesgo modificables adquiere especial relevancia.
Ahora, un estudio nacional danés ha encontrado que el inicio de estatinas después del diagnóstico de diabetes tipo 2, se asocia con un menor riesgo de demencia, especialmente cuando el tratamiento comienza durante el primer año. Los resultados se han publicado en la revista The Lancet Regional Health – Europe y han sido presentados recientemente en el Congreso de la Sociedad Europea de Cardiología de 2026.
Los investigadores utilizaron los registros sanitarios nacionales de Dinamarca para identificar a 132.585 personas sin tratamiento previo con estatinas que desarrollaron diabetes tipo 2 entre 2006 y 2019. El seguimiento se prolongó hasta finales de 2021 y la duración mediana fue de 7,1 años.
Se clasificó a los participantes según el momento de inicio del tratamiento hipolipemiante; se compararon quienes no iniciaron estatinas durante los 5 años posteriores al diagnóstico con aquellos que comenzaron el tratamiento durante el primer año y quienes lo iniciaron entre uno y 5 años después; y para aproximarse a las condiciones de un ensayo clínico se utilizó un diseño de clone-censor weighting, una metodología que permite emular un ensayo objetivo y reducir determinados sesgos inherentes a los estudios observacionales. Durante el seguimiento, 3.592 pacientes, equivalentes al 2,7 %, desarrollaron demencia.
El riesgo absoluto estimado de demencia a 10 años fue del 3,9 % entre quienes no iniciaron estatinas, frente al 3,3 % entre quienes comenzaron el tratamiento precozmente y el 3,5 % entre quienes lo hicieron de forma tardía. En comparación con la ausencia de tratamiento, el inicio de estatinas durante el primer año posterior al diagnóstico se asoció con un riesgo relativo de demencia un 15 % inferior a los 10 años. Cuando el tratamiento comenzó entre uno y cinco años después del diagnóstico, la reducción relativa fue del 10 %.
Los resultados fueron similares en hombres y mujeres, lo que sugiere que la asociación observada no estaría limitada a un determinado sexo; y son clínicamente relevantes, aunque deben interpretarse dentro de las limitaciones propias de un estudio observacional, ya que aunque el diseño estadístico utilizado intenta reproducir las condiciones de un ensayo aleatorizado, no puede eliminar completamente la posibilidad de confusión residual. Por ese motivo, los datos no permiten afirmar que las estatinas prevengan directamente la demencia, y los propios investigadores señalan la necesidad de disponer de evidencia procedente de ensayos clínicos para confirmar la asociación.
Esta cautela resulta especialmente importante porque estudios previos sobre estatinas y función cognitiva han mostrado resultados heterogéneos. El beneficio observado en esta investigación podría estar relacionado con la reducción de la exposición vascular acumulada más que con un efecto neuroprotector directo. Una posible explicación reside en la estrecha relación entre enfermedad vascular y deterioro cognitivo.
La diabetes favorece disfunción endotelial, aterosclerosis, inflamación y alteraciones microvasculares que pueden contribuir progresivamente al daño cerebral. La reducción del colesterol LDL mediante estatinas disminuye el riesgo cardiovascular y cerebrovascular. Si una menor carga aterosclerótica se traduce también en una menor lesión vascular cerebral, podría explicar parcialmente la asociación observada entre tratamiento precoz y menor incidencia de demencia.
Los resultados no justifican actualmente indicar estatinas exclusivamente con el objetivo de prevenir la demencia. Sin embargo, aportan un argumento adicional para iniciar de forma oportuna el tratamiento hipolipemiante cuando está indicado en pacientes con diabetes tipo 2.
La magnitud absoluta del efecto fue moderada, con una diferencia estimada de 0,59 puntos porcentuales en el riesgo de demencia a diez años entre el inicio precoz y la ausencia de tratamiento. En una enfermedad con elevada prevalencia, incluso reducciones modestas pueden adquirir relevancia poblacional. Estos datos refuerzan, por tanto, una estrategia preventiva global en la diabetes tipo 2, en la que el control del LDL-C puede contribuir a proteger tanto la salud cardiovascular como, potencialmente, la función cognitiva.


