Despertarse varias veces durante la noche puede indicar un trastorno del sueño pero, además de impedir un descanso reparador, puede aumentar el riesgo de problemas cardiovasculares y metabólicos, entre los que destaca la diabetes.
Según la doctora Arantxa García, neurofisióloga del Hospital Ribera Povisa de Vigo, los despertares nocturnos ocasionales pueden estar relacionados con circunstancias puntuales como el calor, el estrés o un disgusto. El problema aparece cuando se repiten durante un periodo prolongado, y aunque son más habituales a medida que se envejece, García ha destacado que no deben asumirse como una consecuencia inevitable de cumplir años.
Con la edad disminuye el sueño profundo y aumenta el ligero, mientras que el ritmo circadiano tiende a adelantarse, de ahí que muchas personas mayores se acuesten y se levanten antes y que estímulos relativamente pequeños puedan despertarlas con mayor facilidad.
Las causas pueden ser muy diferentes, y entre las más frecuentes se encuentran los picos de estrés y cortisol relacionados con una mala higiene del sueño o factores externos que hacen que este sea más superficial.
También puede esconderse detrás de estos episodios una apnea obstructiva del sueño. El caso es que las pausas respiratorias obligan al cerebro a generar microdespertares para recuperar el flujo de aire, fragmentando el descanso y haciendo que resulte menos reparador. En las personas mayores puede influir asimismo la vejiga hiperactiva, que obliga a levantarse repetidamente para orinar.
Además, los cambios hormonales asociados a la menopausia incrementan también la predisposición al insomnio, a lo que se suma el efecto que pueden tener determinados medicamentos, entre ellos los diuréticos, los corticoides y algunos antidepresivos.
La repetición de los despertares impide completar adecuadamente fases esenciales como el sueño profundo y REM, necesarias para la recuperación física y mental. Entre las consecuencias, destaca la fatiga persistente y un mayor riesgo de hipertensión arterial y de alteraciones metabólicas que pueden incrementar la probabilidad de desarrollar diabetes tipo 2.
Por otra parte, la falta de un descanso adecuado puede provocar déficit de atención, problemas de concentración, irritabilidad y cambios de humor, además de reducir el rendimiento laboral o académico. La somnolencia durante el día eleva, a su vez, el riesgo de accidentes y puede producirse una disminución de la respuesta inmunitaria.
La clave para distinguir un episodio puntual de un posible trastorno está en su frecuencia, duración y repercusión durante el día. En este sentido, García recomienda buscar valoración profesional cuando los despertares se produzcan tres o más veces por semana durante más de tres meses, o cuando resulte difícil volver a conciliar el sueño y aparezcan síntomas como somnolencia diurna, cansancio o una caída del rendimiento.
La especialista ha recordado que buena parte de las causas tienen tratamiento y aconseja cuidar la denominada higiene del sueño: mantener horarios regulares, reservar la cama para dormir, reducir el uso de pantallas y la exposición a luz intensa durante la hora previa a acostarse, evitar cafeína y bebidas energéticas desde media tarde y limitar el alcohol. Ademas, recomienda ejercicio regular, aunque no intenso justo antes de dormir, y evitar las cenas copiosas o acostarse inmediatamente después de comer.


