Relacionan el consumo de ciertos aditivos con un incremento del riesgo de padecer diabetes

Dos estudios científicos realizados en Francia vinculan el consumo frecuente de determinados aditivos utilizados para prolongar la vida útil de los alimentos con un incremento de padecer diabetes tipo 2, lo que está obligando a la industria alimentaria a buscar alternativas de conservación más limpias y seguras.

 

En los trabajos, basados en el análisis de datos de más de 100.000 adultos, y publicados en las revistas científicas BMJ y Nature Communications y desarrollados por investigadores del Instituto Nacional de la Salud y la Investigación Médica (INSERM) de Francia, los investigadores detectaron múltiples asociaciones entre la ingesta de ciertos conservantes y una mayor incidencia de diabetes y tumores, incluidos cáncer de mama y próstata.

Así las cosas, una mayor ingesta de varios conservantes, en su mayoría no antioxidantes, como el sorbato de potasio, el metabisulfito de potasio, el nitrito de sodio, el nitrato de potasio y el ácido acético, se asoció con un mayor riesgo de cáncer en comparación con los no consumidores o los que los consumían en menor medida. Ante este escenario, la industria alimentaria está impulsando nuevas soluciones tecnológicas capaces de mantener la seguridad y prolongar la conservación de los alimentos reduciendo la necesidad de utilizar conservantes.

Entre las alternativas que está incorporando la industria se encuentra el sistema de procesado por altas presiones o High Pressure Processing (HPP), una tecnología desarrollada por la compañía española Hiperbaric, que utiliza agua para transmitir una presión hidrostática de hasta 6.000 bar, y que es capaz de eliminar microorganismos patógenos sin alterar las propiedades naturales del alimento.

“Esta técnica permite inactivar bacterias responsables de enfermedades alimentarias como la listeria o la salmonella, al tiempo que prolonga la vida útil del producto manteniendo su sabor, textura y valor nutricional”, ha señalado Carole Tonello, vicepresidenta de la compañía y doctora en aplicaciones alimentarias.

Además de contribuir a reducir el uso de conservantes, el procesado por altas presiones también ayuda a afrontar otros desafíos del sistema alimentario, como el desperdicio de alimentos.

Los aditivos alimentarios son sustancias que se añaden a los alimentos por razones tecnológicas en distintas etapas de su fabricación, transporte o almacenamiento. Según la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN), pueden utilizarse para conservar los alimentos, mejorar su aspecto, textura o sabor, o facilitar determinados procesos de elaboración.

Dentro de este grupo se encuentran los conservantes, cuya función concreta es proteger los alimentos frente al deterioro provocado por microorganismos como bacterias, mohos y levaduras, contribuyendo así a prolongar su vida útil. También existen otros tipos de aditivos, como colorantes, antioxidantes, emulgentes, espesantes o estabilizantes, cada uno con una función tecnológica diferente.

La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) explica que los aditivos autorizados en la Unión Europea deben someterse a una evaluación de seguridad antes de utilizarse y que su autorización está vinculada a unas condiciones concretas de uso. Por tanto, la presencia de estos compuestos en los alimentos está regulada a escala europea y sometida a controles de seguridad.

Además, los aditivos autorizados pueden ser reevaluados cuando aparecen nuevos datos científicos. En este contexto, la investigación continúa analizando la exposición a determinados aditivos y sus posibles efectos sobre la salud, mientras la industria alimentaria explora nuevas tecnologías de conservación que permitan mantener la seguridad y prolongar la vida útil de los productos con un menor uso de determinados conservantes.

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