No es habitual que un tenista de élite que está sacando, con 40-40 en el marcador, pare el juego en el octavo juego de un partido de semifinales. Es lo que hizo el alemán Alexander Zverev cuando jugaba con el estadounidense Taylor Fritz: pidió parar por motivos médicos, y más en concreto, relacionados con una erronea gestión de su diabetes.
El caso es que Zverev se sintió mareado, por lo que requirio la presencia del equipo médico del torneo ATP 500 de Halle. Incluso abandonó la cancha para ser atendido en el vestuario. Pos teriormente volvió para ganar ese primer set por 7-6 (4), aunque luego cedió los dos parciales siguientes por 6-4 y 7-5, sufriendo su séptima derrota seguida ante su particular bestia negra, Taylor Fritz.
El tenista no restó ningún mérito a su rival. En este sentido explicó posteriormente que "yo luché y lo di todo pero hay que reconocer que Taylor mereció la victoria ya que jugó mejor que yo", para detallar a continuacion el porqué de su momento de apuro sanitario.
Con cuatro años le diagnosticaron diabetes tipo 1, lo que no ha sido ningún impedimento para instalarse en la élite de un deporte tan exigente, en el que cumplió un sueño semanas atrás ganando su primer Grand Slam, Roland Garros.
El problema tuvo su origen en un sensor de rendimiento defectuoso. "Es la primera vez que me pasa algo así. Llevo usando estos sensores desde 2016 o 2017, y en nueve años nunca había visto un error tan grande", ha señalado Zverev, que detalló que "tuve grandes problemas con el azúcar porque el sensor me dio una lectura completamente errónea. Indicaba valores muy altos cuando en realidad eran bajos, así que me inyecté mucha más insulina de la que debía".
En concreto, detalló que "durante los primeros 45 minutos tuve que consumir 350 gramos de azúcar. Y me sentí terriblemente mal. Fatal"... lo que hizo que reclamase la presencia del médico.
El caso es que Zverev solventó el asunto, compitió, y finalmente perdió contra Taylor Fritz, algo que ya suele ser muy habitual desde Wimbledon 2024.


