Las verduras de hoja verde son habitualmente consideradas superalimentos, y suelen identificarse como una especie de escudocontra la diabetes tipo 2. Sin embargo, una reciente investigación ha aclarado que comer más hojas verdes no reduce de forma significativa el riesgo de desarrollar esta enfermedad a largo plazo. Esto no significa que las espinacas sean incouas, sino que es necesario separar lo que ayuda a controlar los picos de glucosa de lo que previene la enfermedad en los próximos años.
D eesta manera, un estudio prospectivo con casi 45.000 adultos con seguimiento durante varios años, no detectó una reducción clara del riesgo de diabetes tipo 2 entre quienes consumían más verduras de hoja verde; y ni siquiera al analizar por separado las hojas verdes oscuras y las crucíferas.
Además, al combinar los datos con otras cohortes, el posible beneficio se mantuvo modesto y estadísticamente incierto; es decir, puede que haya una pequeña ventaja, pero no es lo bastante sólida como para prometer algo real y consistente a nivel de alimento supuestamente protector.
La causa de esta onclusión es que una cosa es prevenir el diagnóstico y otra modular la glucosa tras una comida, ya que los picos de azúcar empiezan con carbohidratos de digestión rápida, que es cuando el cuerpo responde liberando insulina; pero si existe resistencia a la insulina, la glucosa sube más y se queda alta más tiempo, motivo por el que entra en acción la fibra, que no se absorbe como azúcar, y puede espesar el contenido intestinal y ralentizar la digestión y la absorción de carbohidratos, suavizando la subida posprandial.
Por este motivo, un plato con hojas verdes puede ayudar a controlar los picos de glucosa, especialmente si sustituye a una bebida azucarada o a un aperitivo ultraprocesado; pero esto no implica que, a largo plazo, el hecho de comer más verduras de hojas verdes vaya a hacer desaparecer el riesgo de un plumazo.
En cualquier caso, hay que tener en cuenta que los zumos y los smoothies pueden llegar a resultar problemáticos, porque el tejido vegetal está ya roto, se bebe rápido y se acumulan carbohidratos sin darte cuenta. Además, suelen perderse efectos beneficiosos respecto a la fruta entera, de manera que un vaso de 150 ml puede aportar unos 15 g de carbohidratos, y la mayoría de los vasos domésticos que usamos para los batidos son bastante más grandes.
Por otra parte, otro gran estudio que analizó a 22.000 personas durante una décad, encontro que un patrón vegetal y rico en verduras, hojas verdes y fruta entera se asociaba a menor riesgo, incluso hasta un 50 % en su estimación, lo que encaja con que una dieta rica en verduras, proteínas magras, legumbres y grasas saludables puede ayudar a gestionar la diabetes, ya que suele implicar limitar panes blancos, dulces y ultraprocesados.
En este contexto, las hojas verdes funcionan como piezas de un puzle mayor, aportando fibra, antioxidantes y micronutrientes (potasio, vitamina A, calcio, etc.), llegando a ser ser beneficiosas para personas con diabetes en el marco de una alimentación equilibrada.
Por este motivo, se recomiendan hojas verdes como la kale o col rizada, la espinaca o la berza por su perfil bajo en calorías y carbohidratos y por su densidad nutricional, a lo que hay que sumar su utilidad general en un plan dietético.
En resumen, las verduras de hojas verdes ni garantizan la prevención de diabetes tipo 2 por sí solas, ni compensan un exceso de calorías, una dieta ultraprocesada o el sedentarismo, ni sustituyen a ningún tratamiento médico; aunque nunca estará de más integrarlas dentro de una estrategia dietética global.

